sábado, 2 de octubre de 2010

Jamás destino

Te alejas tan rápido, no han pasado ni dos medias lunas cuando tu rostro comienza a desvanecerse en suspiro de muerte no merecida, dueña de mi corazón y no de mi cuerpo, yo soy dueño de tu eterno recuerdo palpitante y tan cruel como placebo inyectado en mis arterias cardiacas. Siempre esperanza, jamás destino.

Un Hada vuela y se cierne pálida y ajena sobre mi cadáver descompuesto que aun guarda un suspiro de amor que da hacia a ti mi dulce deseo de verano, mi cruel tormento del próximo invierno pero por ahora mi anónimo suplicio de otoño.