sábado, 5 de febrero de 2011

Trazo su rostro


Se ah vuelto hábito el verla cada noche. Ella, mi musa de marfil, su rostro, sueño el rostro de mi musa en la bidimensional del subconsciente nocturno, esbozo su silueta en la nada, trazo poco a poco su rostro hermoso, difumino el rubor echo con mi propia sangre sobre sus mejillas aguardando el momento de besarlas con locura. Trazo su cabello largo y rubio que se torna dorado como la mañana y con luz arrancada de polaris le doy el brillo mas puro. Trazo el borde de su mentón que da paso a su sonrisa que igual puede arrancarme el corazón o lanzarme a la estratosfera de golpe. luego me concentro en esos labios perfectos que liberan endorfina al contacto con los míos, Puedo jurar que en sus suspiros y en su aliento se esconde la esencia del deseo prohibido de los ángeles encarnados. Mi pincel sigue después con su cejas su nariz y con los contornos de su belleza que le son permitidos. Pero de súbito se detiene, justo en el instante de terminar con los parpados, no me atrevo a siquiera intentar representar sus ojos, sus ojos son bosques interminables y encantados plagados de hadas y de magia y en los que inevitablemente me adentro y me pierdo cada vez que esta cerca mío. dibujar fielmente sus ojos es tan imposible como el representar al tiempo en trazos. No hay matices que se acerquen a ese color, si es que ese color es de este plano.

Sueño su rostro y trazo una mirada ciega de mi musa de marfil, anhelando despertar y poder verla en carne, inmerso en otro numero de dimensiones donde perderme en esos sendos bosques es inevitable.