lunes, 3 de octubre de 2011

Premonición

Lo sentí como luz entre las células de mi cuerpo, explotando en un extraño rocío de ámbar y violeta mientras caminaba. El día fluyó espeso y amargo desde ese instante y supe de inmediato que algo te ocurría. Los medios de comunicación fueron inútiles, tú no contestabas. La sorpresa dio paso a la angustia y me sumergí en una desesperación provocada por una tormenta de ansiedad provocada por el incumplido deseo por saber que te encontrabas bien. Llegué a mi casa sin intercambiar saludos solo me atrincheré en mi habitación con el teléfono y encendí la computadora, no te encontré en ninguna red social, te llamé hasta que el pequeño aparato inalámbrico se quedo sin batería, tres horas pasaron fugazmente llevándose el atardecer consigo y dejando la penumbra iluminada por un único farol de la calle y el cielo nocturno estéril de la ciudad. Me rasque frenéticamente la mejilla izquierda, es un mal hábito que tengo cuando un miedo incontrolable me invade, últimamente he abusado mucho de este hábito, las marcas y cicatrices que siento cruzar mi rostro me lo dijeron, pero en ese instante no tenía nada mas en mente que el saber que estabas bien. Decidí en vano tranquilizarme, traté de visualizarte feliz como te recuerdo del día que nos escapamos al mar impulsados por la locura, sin embargo por mucho que intente pensar en ti entonando tu risa medicinal que innumerables veces rompieron las cadenas de tristeza que ataban mis pies, la única imagen que vino a mi mente fue el verte seria y fría con tus ojos cerrados, aunque el viento sopla fuerte en mi visión y agitaba tu cabellera con fuerza tú no te movías y aunque el mar rompía violento contra la playa tú seguías pálida con los ojos cerrados.

Esta imagen me aterró al punto de escapar de mi casa, nadie de mi familia me dijo nada aunque me vieron buscar las llaves del auto torpemente, ¿les aterraría tanto mi actitud que no imaginaron que decirme? Pensé cosas como esta pero se esfumaron con el golpe seco de la puerta cuando la cerré violentamente. Corrí al estacionamiento y subí al auto, mis manos temblaban al sujetar el volante, mi miedo a la visión se convirtió en enojo y poco después en ira, me sentía impotente ante el hecho de que algo malo te estuviera sucediendo mientras yo estaba lejos. Conduje frenéticamente hasta tu casa y bajé del auto con tanta prisa que no le eché seguro a la puerta. Subí los peldaños hasta el departamento de tu familia, me pare frente a la puerta e intente calmarme, mi pulso estaba acelerado tanto que podía escuchar mi corazón latir con fuerza dentro de mi pecho.

Tomé un poco más de aire y toqué el timbre, un momento después tu madre me abrió la puerta, no se sorprendió de verme tan agitado como estaba, tuve esa extraña sensación de de paramnesia. Tragué saliva y pregunté por ti, me temblaban las manos. Le expliqué mi visión y la angustia por que tú no contestarás. Ella me miró con una ternura maternal y pude percibir como contenía el llanto, ver esto me asustó aún más e hizo que hablará y preguntará con violenta desesperación.

Tu madre interrumpió de golpe mis aseveraciones con un abrazo que me petrificó, después me invitó a pasar a su sala, yo entré sin decir nada más. Cuando me senté en el sillón negro pude ver un retrato tuyo sobre una mesa en la esquina de la sala, tenía junto a ella una veladora. Cerré una vez más los ojos y la visión volvió a mi mente pero esta vez el mar en el fondo fue remplazado por un fondo blanco.

Tu madre dio un suspiro grande y pausado que me saco de la visión, mire su rostro y noté como sus gestos eran como de alguien quien debe hacer algo que ya sabe que no le va a gustar.

Así tu madre comenzó con el ritual que habíamos establecido y que se ha estado repitiendo las últimas semanas. Me siento tan mal por ella, ella es tan fuerte al punto de no derramar ni una sola lagrima cuando se sienta junto a mí para explicarme lo que te ha sucedido. Aun cuando sabe que me niego a aceptar lo que estaba a punto de decirme, ella echa mano de su fuerza y comienza a explicar las cosas como si lo hiciera con un niño. Apenado miré sus ojos, ¿Cómo se debe sentir el explicarle a alguien tan necio como yo de que lo que más amó en el mundo ha muerto? ¿Cómo debe ser el no poder convencerme?

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