martes, 25 de agosto de 2009

Martirio y Placer

Un beso es la puerta, sin formalidades nuestros labios se encuentran, nuestras lenguas luchan, nos mordemos el rostro con martirio y placer; sin avisar ataco al cuello donde pasean mis labios y subo llego hasta la oreja, mi índice llega hasta su boca y ella le deja conocer el arte de sus labios de cereza y alcohol, con tranquilidad esquizofrenia nos arrancamos la ropa hasta la desnudes, nuestros brazos suben y moldean nuestros cuerpos, nuestras manos exploran, buscan y encuentra, por cada rincón de nuestra anatomía; entonces se recuesta boca arriba, mi cuerpo busca su entrada cual fiera hambrienta, entonces ella se retuerce frente a mi y el vaivén comienza, las luces danzan, los colores explotan, el éxtasis de su piel corre por mis labios, ella grita, yo me pierdo en el calor de su carne, ella sube y yo bajo, ella vuela ahora entre mis brazos mientras yo me aferro a su cadera, muerdo su abdomen y nado entre sus pechos; ella rasguña mi espalda, jala mi cabello me asfixia con su mejilla, muerde mis labios y este martirio y placer no termina. De pronto me mira y yo la miro, de pronto mientras nuestros cuerpos se agitan entrelazados, nuestras miradas se congelan por un instante casi pactado, entonces nos sonreímos el uno al otro, ese momento tan pequeño y contrastante a la locura que le precede y que le sigue, podría ser el momento mas poético, pero no hay lujo de reparar en esto porque sorpresivamente siento su piel erizarse en mis manos, sus ojos se desorbitan y se cierran, cual contorsionista ella arquea su espalda y su cuello esculturalmente, miro su cabello, danza libre ahora y casi toca sus tobillos, me hace despegar y subimos y subimos, volamos hasta que con el estruendo propio de un volcán, erupciona en éxtasis frente a mi, poco después yo la sigo en su frenesí de lujuria y arranques volcánicos, es en este momento cuando nuestras voces se entrelazan también, dando un estruendo casi como guitarra de blues; ahora aterrizamos suavemente y nuestras voces se apagan poco a poco, nuestra respiración vuelve a la normalidad. Después acostado y medio despierto, solo siento el sudor en mi frente y su mano en mi pecho.

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